una tarde cualquiera

en el pasto
boca abajo
con la frente apoyada en una piedra
los brazos y las palmas
abiertas

(no deseo respirar
la respiración me eleva y yo
prefiero quedarme muy
quieta)

hormigas o arañas caminan mis venas
por encima pájaros y hojas
en las alas de exótica madera

(necesito respirar
lo sé
pero todavía no quiero todavía no
llegan a llevarse mi néctar)

la frente arde la piedra
en unos instantes las palmas serán garras
y el pecho empezará a empujar contra mis costillas
deshechas

estoy oyendo abejas
sintiéndolas buscar en mi espalda
recorriéndome con sus lenguas
de seda

(voy a respirar ahora
para llenarme los bronquios
de sol
de savia
y de tierra)

sobre esto

debería rezarles
caer de rodillas y rogarles que entiendan algo
de esto

(decirles)

que todas las hojas manchadas
salpicadas
desestructuradas de locura son
esto

un espacio de cielo abierto entre las manos y el cuerpo
cristales de sal esparciéndose en el colchón hambriento de mis mejillas
pero nada más
que esto

(tendría que juntarlos a todos)

y contarles de la calma extenuante que sofoca los huesos
de mis ritos oscuros y siniestros

(con la boca abierta con las llagas hirviéndome en el pecho)

debería que decirles que yo
no soy nada

(de esto)

por fuera de mí

su cuerpo trajo la lluvia
y mi piel entera se ha vuelto barro

él
está moviéndose inquieto y su lengua
es un torno de alfarero
modelándome los labios

yo
estoy mirando el hueco de mis ojos y mis ojos
están mirándome las manos

no quiero bajar la escalera
voy a quedarme con él
no quiero pensar en vos no quiero pensar si la lluvia esta misma lluvia
quizás hoy también
te haya despertado

(porque vos)

te despertaste hoy
con ella

(o sea)

nunca más
a mi lado